Lectura de hoy
Salmos 80-85
Preguntas de reflexión
- Salmos 80:4,7,14-15; 85:4-7. Estos salmos son el clamor del pueblo que sufre la opresión de las otras naciones. ¿Cuál es su súplica y su anhelo? ¿En qué consiste su esperanza?
- Salmos 81:8-16. Asaf nos deja claro que la situación del pueblo no es la culpa de Dios, sino de su propio y persistente pecado. ¿De qué manera habrían sido las cosas si Israel hubiera sido obediente?
- NOTA: Asaf anhela ardientemente el tiempo de la restauración de su pueblo, cuando Dios vuelva a tener misericordia de ellos, juzgue a los malvados y tome posesión de la tierra (Salmos 82:8). Una y otra vez se pregunta: ¿Hasta cuando Señor? Pero a la vez considera todas las cosas a la luz del carácter de Dios y de la promesa de un reino de paz y justicia perpetuas.
- Los hijos de Coré eran levitas que servían en el ministerio de la música y como porteros en el templo, como se puede apreciar en 1 Crónicas 9:17-19 y 2 Crónicas 20:19. En Salmos 84, los peregrinos que viajaban a Jerusalén se dirigen a ellos y expresan su deseo de estar en la casa de Dios y hablan del privilegio que tienen porque sirven allí. ¿Cuál es el verdadero privilegio de habitar en la casa de Dios? (Salmos 84:9-11) ¿Quién es verdaderamente bienaventurado según el salmista? (Salmos 84:4-5,12)
Resumen
Asaf reflexionó con un hermoso poema sobre la situación actual de Israel. Ellos eran una vid que Dios trajo de Egipto, la plantó en la tierra prometida, desarraigo las otras plantas para hacer espacio para su vid y esta prosperó y echó raíces. Pero luego el Señor quitó el cercado y dejó que los animales silvestres la pisaran y la destruyeran. Por lo tanto, Asaf clamó por restauración, para que Dios mirara la condición de su pueblo y volviera a tener misericordia de ellos. Además, Asaf alabó a Dios a pesar de todo, porque reconocía su bondad y sabía que era el pecado de su pueblo el que le ha traído a esta triste condición. Los poderosos tenían mucho que ver con esto, porque juzgaban injustamente y no defendían la causa de los necesitados, pero confiaba en que a su tiempo Dios traería su justo juicio.
Finalmente, un salmista anónimo reflexionó sobre el privilegio de los que habitaban en la casa de Dios y le servían. La morada de Dios era hermosa y todos estaban invitados a ella. Pero, a pesar de su deslumbrante belleza, lo que hacía a la casa de Dios tan codiciable era la presencia de Dios mismo, porque él es el escudo de todos los que confían en él.