Todos sabemos que la gratitud a Dios debe ser una actitud constante de nuestra vida, algo que practicamos todos los días; pero muchas veces la relegamos a momentos específicos o nos acordamos de ella ocasionalmente por la conmemoración de fechas especiales, y aún en esos momentos, utilizamos la palabra “Gracias” como muletilla y sin una sincera actitud de gratitud en nuestros corazones.
En este artículo quiero que meditemos en lo importante que es esta actitud de la gratitud y que examinemos dos sentidos importantes en que podemos practicarla: el primero es el de dar gracias a Dios por sus bendiciones en los momentos específicos en que las recibimos, y el segundo, que considero aún más importante y significativo que el anterior, el poder vivir continuamente agradecidos.
Dar gracias a Dios por sus bendiciones
Para considerar este primer aspecto, leamos el siguiente texto de la Palabra de Dios (Lucas 17:11):
11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. 12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. 15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, 16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
En el pasaje que acabamos de leer, se nos cuenta que diez hombres leprosos salieron al encuentro de Jesús, se pararon a cierta distancia de él y le suplicaron que los sanara de su lepra, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!
En aquel entonces, la lepra era una enfermedad sin una cura conocida. Se trataba de una enfermedad infecciosa que afectaba la piel y la carne de una persona. En estado avanzado, se formaban llagas profundas, la carne quedaba expuesta y supuraba pus. Además, estas llagas se extendían por todo el cuerpo.
Según la ley de Moisés, una persona con lepra debía ser excluida del campamento debido a lo infeccioso y contagioso de la enfermedad. Por lo tanto, la persona que tenía lepra debía vestirse de ropa andrajosa y gritar que era impuro a quienes se le acercaban, lo cual explica por qué estos hombres se pararon a cierta distancia y desde la distancia clamaron a Jesús.
Jesús, por supuesto, les respondió con misericordia, escuchó el clamor de ellos, y les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Les dijo esto siguiendo la ley de Moisés que establecía que los sacerdotes eran las personas designadas por Dios para revisar a un leproso que se había curado y certificar que estaba limpio. Así, mientras ellos iban en obediencia al mandato, fueron limpiados en el camino por la palabra del Señor.

Justo aquí llegamos al punto que quiero resaltar: Uno de los leprosos, viendo que había sido sanado por la palabra del Señor, volvió a donde estaba Jesús y dio gracias.
¡Qué gesto tan hermoso es dar gracias! Muestra lo mucho que valoramos no solo el don recibido sino a la persona de quien lo recibimos. El don que estos diez leprosos recibieron fue demasiado grande. Eran personas enfermas, y aunque toda enfermedad de por sí es desagradable, ésta, en particular, era repugnante, y por ello estas personas eran excluidas de la comunidad por su condición. Pero Jesús revirtió todo eso con su gracia, compasión, generosidad y poder. Así que, este era un don especial por el cual se debían dar muchas, muchas, muchas gracias.
Pero no solo por el don, sino también quién lo concede. Hay quienes se conforman con el milagro pero se olvidan del dador del milagro. Hay quienes reciben la bendición y se regocijan por ella, pero se olvidan del dador de la bendición. Y qué bendición es que el Señor se haya interesado tanto en nosotros, que haya escuchado nuestro clamor indigno, y que haya considerado en su corazón bendecirnos aunque no tiene la obligación de hacerlo, y aunque no lo merecemos. Así que, recibamos con brazos abiertos la bendición que proviene de él, pero no nos olvidemos de darle gracias por ella.
Continuando con ese pensamiento, encontramos en el texto tres actos que fueron fruto de la gratitud que tuvo aquel hombre por la bendición recibida y que debemos considerar e imitar.
Volvió
Aquel hombre, tan pronto fue consciente de haber recibido la sanidad, regresó primero al Señor. De la misma manera, nosotros vayamos a Jesús cuando somos conscientes de sus bendiciones, tan pronto recibamos la respuesta a nuestra oración vayamos a él, busquémoslo para darle gracias.
Glorificó a Dios a gran voz
Con frecuencia, el clamor por misericordia suele ser estridente, apasionado y fervoroso, pero la gratitud suele ser silenciosa. Sin embargo, la gratitud debería ser igual o incluso más abundante que el clamor. Los leprosos tenían que gritar “inmundo, inmundo” cuando alguien se acercaba a ellos, pero ahora este hombre alzaba su voz para glorificar a Dios.

Nos pasa que proclamamos nuestras penas a los cuatro vientos, pero callamos nuestras alegrías. Publicamos nuestros dolores, pero escondemos nuestras bendiciones.
Los animo hoy a que compartamos con otros las grandes cosas que Dios ha hecho en nuestras vidas, y hablemos mucho más de sus bendiciones y su favor para con nosotros, especialmente, de lo que respecta a su buena voluntad al darnos a su Hijo unigénito.
Se postró a los pies de Jesús
Esto es adoración. Lo anterior, fue su proclamación pública de las bendiciones de Dios, para que todos pudieran conocer la grandeza del Dios que otorgó tal bendición a este hombre, pero la adoración fue dirigida únicamente a Jesús. Él se presentó ante el Señor y le dio gracias: “Gracias Señor por sanarme, gracias por escuchar mi clamor, gracias por fijar tus ojos en mí. Gracias.”
Puede pasar también, que hablemos de las bendiciones que tenemos a otros y que no reconozcamos que esas bendiciones las tenemos por la gracia de Dios. Que no busquemos a nuestro Señor, el dador de esas bendiciones, para darle gracias a él en lo íntimo, de manera personal y directa a él.
Así que, postrémonos en adoración y agradecimiento al Señor por sus bendiciones y démosle honor, gloria y reconocimiento en nuestras oraciones por el favor que hemos recibido de él.
La gratitud es fruto de la fe que salva
Una última cosa que quisiera mencionar en este primer aspecto, es que la gratitud verdadera es el resultado de la fe que salva.
¿Cuántas personas no reciben a diario bendiciones de Dios, o incluso, claman a Dios en momentos de profunda necesidad, pero luego se olvidan por completo de él? Esto, sin duda, es porque no han creído en Cristo, porque él no es su Salvador. Solo necesitan al Dios bombero que apague los incendios, pero no han creído en su persona, y no lo reconocen como Señor de sus vidas.
Si tú, que lees estas palabras, reconoces que esa es tu condición, y que aún no has reconocido a Cristo como el Señor de tu vida, hoy puedes pedir con fe al Señor que te sane, no de la lepra física, sino de algo mucho peor, el pecado que lleva a la muerte eterna. Y si confías en Jesús de todo corazón recibirás la limpieza y la salvación que proviene solo de él.
El segundo sentido en que debemos practicar la gratitud es…
Vivir agradecidos
Una cosa es dar gracias cuando recibimos bendiciones de Dios y otra cosa es vivir continuamente agradecidos.
Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
1 Tesalonicenses 5:18

Este pasaje nos afirma que el deseo de Dios es que vivamos siempre agradecidos, pero ¿en verdad es posible vivir siempre agradecidos? La respuesta es un sí. Sin embargo, es importante que entendamos bien las palabras del apóstol Pablo, ya que él no dijo “dad gracias por todo” sino “dad gracias en todo”. Es decir, en todo tiempo y en medio de toda circunstancia, sea que estas sean favorables o no. La gratitud debe ser una marca constante del creyente.
Permíteme compartir contigo algunas razones por las que podemos vivir agradecidos:
Porque tenemos al Señor en nuestras vidas
Ya que él nos ha mirado con favor, así no tengamos nada más en nuestras vidas, así él determine no sanarnos, simplemente lo tenemos a él. Y si lo tenemos a él, lo tenemos todo. Job fue un hombre que lo perdió todo, pero él aún tenía al Señor:
20 Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, 21 y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.
Job 1:20-21
Y también:
He aquí, aunque él me matare, en él esperaré;
Job 13:15
Porque tenemos promesas eternas
Así experimentemos malos momentos en el presente, debemos saber que estos no se comparan con la gloria que será revelada cuando Cristo, nuestro Señor, se manifieste. Y podemos soportar las dificultades con gratitud porque tenemos en el Señor promesas que son excelentes.
Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos.
Hebreos 10:34
Porque Dios utiliza todas las cosas para bien de los que lo aman

Y finalmente, podemos vivir agradecidos, porque Dios tiene propósito en todas las cosas que vivimos, sin excepción. Incluso él puede utilizar nuestros tropiezos y equivocaciones para cumplir sus buenos y grandes propósitos en nuestra vida.
Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Romanos 8:28
Ese problema económico, esa escasez, esa situación de salud, ese duelo por un ser querido, cualquiera que sea la situación que estemos atravesando, Dios la está utilizando para nuestro bien, para formarnos a la imagen de su Hijo Jesucristo. Así que podemos dar gracias a Dios por lo que él está haciendo en nuestras vidas aunque no lo entendamos por completo.
Por todo esto, demos muchas, muchas gracias a Dios por todas las bendiciones que recibimos de él y compartamos esas bendiciones con otros.
- Al levantarnos, separemos un tiempo para dar gracias a Dios.
- Al acostarnos, no caigamos en el sueño sin darle gracias a Dios.
- Durante el día, cuando el Señor traiga a nuestra mente una bendición recibida, demos gracias a Dios.
- Si estamos pasando por un problema, cualquiera que sea, demos gracias a Dios.
Así que, vivamos continuamente agradecidos en todas las circunstancias de nuestra vida porque tenemos a Dios, y si lo tenemos a él, lo tenemos todo.
Te invito a compartir en los comentarios por qué estás agradecido con Dios hoy. 🤔