10 En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. 11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Filipenses 4:10-13
El corazón del hombre es como un barril sin fondo, pues recibe, recibe y recibe, pero jamás está completamente lleno y, por lo tanto, no se sacia. Frecuentemente, los seres humanos experimentan insatisfacción en algún área de su vida, o en la totalidad de ella. Algunos tienen problemas para aceptar su apariencia física: están insatisfechos por el color de su cabello, por el tono de su piel, por el color de sus ojos o por alguna carencia que ellos consideran que tienen.
Otros están insatisfechos por su trabajo, porque quizá no llena sus expectativas a nivel profesional, o porque el pago recibido no es suficiente.
Otros anhelan poseer más cosas materiales: una mejor casa o un mejor carro. Las motivaciones para ello pueden variar: quizá se trata de obtener un mejor estatus social, tener mayor comodidad, o sentir que han logrado algo en la vida. Esto, a pesar de lo que dice la Palabra de Dios de manera contundente: que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
Otros están insatisfechos con su familia: quizá con su esposa, con sus hijos o con algún otro familiar. Quieren una pareja más bonita, más atenta, más paciente, que cocine mejor o que tenga un mejor sueldo.

Las cosas que he compartido hasta ahora son solo algunas de las muchas áreas en las que podemos experimentar y manifestar insatisfacción. Cada uno de nosotros reconocerá las que correspondan a su propia vida, sea que las haya mencionado o no en la lista que acabo de presentar.
Podemos definir la insatisfacción como el sentimiento que manifestamos cuando lo que tenemos no nos parece suficiente o no cumple con nuestras expectativas o exigencias. Y sí que somos exigentes los seres humanos. Esa exigencia surge porque, de alguna manera, pensamos que tenemos derecho a algo o que merecemos más de lo que ya tenemos.
El sentimiento de insatisfacción nos lleva a su vez a la manifestación de otras cosas negativas: puede llevarnos a la depresión, al estrés, a la ansiedad, al enojo, a la amargura, a la queja constante y a la codicia. Así que quiero hacerte algunas preguntas un tanto directas: ¿Te sientes insatisfecho? ¿Quizá estás deprimido y emocionalmente decaído por las cosas que no tienes o que no puedes tener aún? ¿Quizá te sientes estresado o ansioso porque anhelas algo más? O, aún peor, ¿estás enojado con Dios o con las personas por lo que no tienes? ¿Quizá estás amargado o te asalta la codicia?
Si ese es el caso, hay un remedio eficaz para ese mal de la insatisfacción, el cual se llama contentamiento.
Contentamiento es, básicamente, el estar satisfecho con lo que se tiene. Este viene cuando entendemos que todo lo que tenemos es un regalo y que no merecemos nada. Viene cuando estamos agradecidos por lo que tenemos y no estamos afanados por lo que no tenemos. Viene cuando reconocemos que esta vida es temporal, y que quizá aquí tendremos poco, pero sabemos que en el mundo venidero nuestro lugar está asegurado. Viene cuando comprendemos que el mayor bien que pudiéramos recibir en realidad ya lo tenemos, porque ese gran bien es Jesucristo, nuestro Salvador.
El apóstol Pablo llegó a experimentar ese contentamiento en su vida y por eso pudo decir:
11 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Este texto nos regala una verdad muy importante que solemos pasar por alto, que el contentamiento es algo que se aprende porque por naturaleza no estamos ejercitados para ello. Siempre queremos más y más, y nunca estamos satisfechos a pesar de que nuestras necesidades fundamentales estén suplidas o que hayamos recibido una provisión suficiente de Dios. Nuestro apetito voraz por las cosas es insaciable.

Por eso necesitamos aprender a contentarnos, y para ello Dios tiene que llevarnos a lugares y situaciones en las que podamos aprender a vivir esta verdad, puesto que, si siempre tenemos todo de sobra, no habrá oportunidad para ejercitar nuestra fe en el Señor, descansar en la provisión suficiente de Dios para nosotros y recordar que él es todo lo que verdaderamente necesitamos. También digo suficiente, porque Dios no nos da siempre lo que queremos, pero siempre provee para nuestras verdaderas necesidades.
Pero ¿qué situaciones tuvo que experimentar Pablo que le ayudaron a aprender esta hermosa actitud de contentamiento? Según su propio testimonio, él experimentó una gran variedad de circunstancias en su vida, las cuales quedaron registradas en sus cartas a las iglesias, entre las cuales se encuentra, por supuesto, la que incluye el texto bíblico que estamos considerando.
Pero vayamos por un momento a 2 Corintios 6:3-10, donde encontramos que Pablo afirma:
3 No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; 4 antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias; 5 en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; 6 en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, 7 en palabra de verdad, en poder de Dios, con armas de justicia a diestra y a siniestra; 8 por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; 9 como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; 10 como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.
Aquí Pablo afirmó haber sufrido tribulaciones, haber tenido necesidades, haber estado en angustias, haber sido castigado con azotes, haber sido prisionero y haber pasado por muchos trabajos, entre otras cosas.
Y volviendo al texto principal que nos ocupa, él utilizó la expresión “cualquiera que sea mi situación”, para describir toda clase de circunstancias, tanto buenas como malas. Él hizo el contraste entre tener pobreza o necesidad y tener abundancia, entre tener hambre y estar saciado. Luego dijo: “en todo y por todo”. Con la expresión “en todo” comunicó que al vivir en medio de esas circunstancias había aprendido a estar satisfecho, y “por todo” nos dice que fueron esas mismas circunstancias sus maestras, las que le habían enseñado el contentamiento y la satisfacción en Dios.

Ahora bien, este aprendizaje que Pablo había alcanzado en su vida se debía al poder de Cristo que habitaba en él. El gran poder de Cristo lo había capacitado para disfrutar de las bendiciones recibidas del Señor, y para estar contento cuando las cosas eran duras y difíciles. Como bien dice Filipenses 4:13:
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (RVR60)
Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas. (NTV)
Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones. (TLA)
Por lo tanto, teniendo esto en mente, hay algunos consejos prácticos que podemos seguir para aprender contentamiento:
En primer lugar, debemos recordar que estamos completos en Cristo, y que no hay nada que nos haga falta que no esté en Cristo, ya que en él Dios ha provisto para nosotros todo lo necesario, tanto para nuestra vida espiritual como para nuestra vida física, tanto para nuestra vida futura como para nuestra vida presente. Todas las bendiciones que Dios tiene reservadas para nosotros nos las entrega por medio de Cristo.
31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
Romanos 8:31-32
En segundo lugar, seamos agradecidos con Dios por las pruebas de la vida, porque son el medio que Dios usa para enseñarnos a confiar en él y a estar satisfechos, aunque desde el punto de vista humano, arraigado en el aquí y en el ahora, no haya razones para ello. Debemos aprender a ver las pruebas desde la perspectiva de Dios, a aceptar con fe lo que dice la Escritura en cuanto a todo lo que Dios logra en nuestras vidas por medio de ellas.
2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.
Santiago 1:2-4
En tercer lugar, seamos agradecidos con Dios por las cosas que él nos ha dado en lugar de estar pensando con inquietud en lo que no tenemos. El contar las bendiciones que sí tenemos nos ayudará a valorarlas y, en consecuencia, a amar más al Dios generoso de quien provienen todas ellas.

6 Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; 7 porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. 9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
1 Timoteo 6:6-10
En cuarto lugar, tengamos la seguridad de que Dios siempre proveerá lo que necesitamos. Él lo ha prometido y, como él es confiable, su promesa es más que segura. Nunca nos dejará ni nos desamparará.
5 Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; 6 de manera que podemos decir confiadamente:
El Señor es mi ayudador; no temeré
Hebreos 13:5-6
Lo que me pueda hacer el hombre.
En quinto lugar, pongamos nuestra mirada en las cosas del reino de Dios por encima de las cosas de esta tierra. Si las cosas celestiales están en nuestros corazones podemos sobrellevar incluso la pérdida de todo lo que hoy tenemos. Debemos recordar que aquello que hoy tenemos, y que llamamos nuestro, no nos pertenece en verdad, ya que todo es de Dios y para Dios. Si algo tenemos es porque él generosamente nos permite disfrutarlo.
34 Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. 35 No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; 36 porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.
Hebreos 10:34-36
Y finalmente, no perdamos de vista la esperanza que albergamos como creyentes en Cristo y por la cual no seremos avergonzados jamás. Porque por esa esperanza podemos soportar cualquier carencia o adversidad presente, confiando en que un día todo, incluidos los más ardientes anhelos de nuestros corazones, será suplido por el Señor en la gloria de una manera que supera toda expectativa.