Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.

Lucas 2:51

Uno de lo mandatos más impopulares de la Biblia es el de sujetarse a las autoridades. La palabra sujeción y sus sinónimos sumisión y sometimiento hacen que se enciendan las alarmas de nuestra naturaleza humana. Esto es así desde la caída, cuando el hombre voluntariamente escogió no sujetarse a Dios. Ese solo acto de insubordinación a Dios, quien es la autoridad máxima y la fuente de toda autoridad delegada en el mundo, se repite una y otra vez y se multiplica a lo largo y ancho del globo terráqueo.

Todas nuestras relaciones se ven afectadas por nuestro corazón insubordinado: las relaciones laborales, las relaciones con las autoridades civiles, las relaciones al interior de la iglesia y, especialmente, las relaciones familiares. Por esa razón, vamos a aplicar el tema que estamos tratando principalmente a ese contexto.

Pero, primero consideremos algunas cosas importantes:

La palabra sujetar o someter implica, en el uso cotidiano, la acción de colocar a alguien bajo la autoridad de otro, autoridad que generalmente es impuesta por la fuerza. Sin embargo, lo interesante es que desde el punto de vista bíblico no se nos ordena que sometamos a nadie, sino más bien, que nosotros voluntariamente nos sujetemos o sometamos a nosotros mismos a otros, y que además lo hagamos con gozo. ¿What?

Antes de que pongas el grito en el cielo, por favor, piensa en lo siguiente: ¿Cómo sería nuestro mundo sin la sujeción? ¿Cómo sería nuestro mundo si nadie respetara las autoridades? Así que, quiero invitarte a que reflexiones conmigo sobre esto. Mi respuesta es breve y directa: Un mundo sin sujeción sería un caos, una completa locura. Sería un mundo terrible lleno de violencia, y por supuesto, yo no quisiera vivir en un mundo así.

Lo que quiero con esta pregunta es que pienses en la necesidad de la sujeción, ya que, cuando este mandato bíblico es practicado, trae como resultado orden, armonía y belleza a todas nuestras relaciones. Pablo utiliza una expresión muy bonita en Tito 2:10: “…para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”. Sin lugar a dudas, Pablo entendía que la sumisión es un regalo de Dios, porque todo lo que proviene de Dios es bueno, agradable y perfecto.

Ahora, piensa conmigo en lo siguiente: ¿Puede un hombre sin Cristo sujetarse a la autoridad? (Me refiero hasta el momento a cualquier clase de autoridad) Desde el punto de vista bíblico NO. Un hombre sin Cristo no puede sujetarse verdaderamente a la autoridad. La sola idea es abominable para su alma.

Bueno, hay un sentido en que sí lo hace, pero esta es una sujeción con matices pecaminosos. Me explico, un hombre sin Cristo se sujetará pero lo hará por motivos incorrectos: quizá por orgullo, o tal vez por temor, o incluso, porque puede obtener un beneficio si lo hace. Y es lógico, ¿si nuestros corazones no se han sometido al Señorío de Dios, qué razón pura y santa tendríamos para respetar cualquier otra autoridad? Pero cuando el Espíritu de Dios transforma nuestros corazones, haciendo de nosotros nuevas criaturas, también nos da con ello el deseo de ser agradables a Dios. Y por ese deseo de serle agradables nos sometemos a su autoridad y reconocemos las demás que han sido establecidas por él.

En la Biblia tenemos el más maravilloso ejemplo de sujeción jamás visto. Es el ejemplo de Dios mismo, el Señor Jesucristo. Él siendo Dios se hizo hombre. Y como hombre vivió en sujeción. Estuvo bajo la autoridad de las autoridades de su tiempo, y especialmente, bajo la autoridad de sus padres terrenales. En Lucas 2:51a se nos dice que él: “Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos.”

Y es aquí a donde quería llegar. Jesús, como hombre estuvo sujeto a sus padres terrenales, estuvo bajo la autoridad de José y María. Los respetó y obedeció. ¡Esto es verdaderamente revolucionario! El Dios soberano hecho hombre, se puso voluntaria y gozosamente bajo la autoridad de unos padres terrenales. Si la Biblia no me lo mostrara, no lo creería jamás.

Ahora bien, ¿Cómo se ve la sujeción a los padres en la vida práctica? Voy a darte algunas ideas prácticas de cómo ver la sujeción:

  • Respetas a tus padres por quienes son y les muestras aprecio. Ha sido Dios quien te los ha dado y quien los ha puesto como una autoridad sobre tu vida.
  • Eres agradecido por las bendiciones y el cuidado que Dios te ha provisto a través de ellos. O les exiges más y más de manera caprichosa y sin consideración.
  • Aceptas sus decisiones aunque no estés de acuerdo con ellas. Que tal si a tus padres no les agrada ese amigo o esa muchacha o muchacho con quién quieres tener una relación.
  • No les levantas la voz ni les hablas de una forma grosera e inapropiada.
  • Los obedeces con alegría y sin refunfuñar.
  • Haces estas cosas porque sabes que Dios te ha dado a tus padres como una autoridad para tu bienestar y quieres honrar al Señor.

Déjame finalizar con esta pregunta: ¿Es tu hogar un caos por que no estás aplicando el mandato de la sujeción? O por el contrario, ¿manifiesta tu hogar el orden, la belleza y la armonía que trae como resultado el sujetarse a la autoridad establecida por Dios? Espero de todo mi corazón que sea lo segundo. Y si no, debes confesar al Señor tu pecado y suplicarle que moldee en ti el corazón manso y sumiso de nuestro Señor Jesucristo.