Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
1 corintios 15:57
Hay una cosa que todos nosotros buscamos con ansias. Cuando la obtenemos decimos que es muy dulce. Cuando no la obtenemos usamos su antónimo y la calificamos de amarga. Los frutos de ella los lucimos con orgullo, a veces en el cuello, o en la cabeza, o los expresamos con una simple sonrisa y una gran satisfacción. Lo contrario a ella nos hace esconder el rostro de la pura vergüenza. ¿Ya todos sabemos de qué se trata? Se trata de la victoria.
La palabra victoria hace referencia a una superioridad o ventaja que se consigue del contrario en una disputa o lid. Así, en esta vida estamos en constante disputa, pero debes saber que no es el deseo de Dios que vivamos derrotados o vencidos por todo aquello que le es contrario, él no quiere que seamos esclavos porque no nos creo para ello. Él quiere que seamos libres y que disfrutemos la plenitud de la vida que preparó para nosotros.
Por ello, lo primero que aprendemos de este texto es que…
La victoria proviene de Dios

Esto queda absolutamente claro en el pasaje porque el apóstol Pablo dice que Dios nos da la victoria por medio de Cristo y, además, que debemos dar gracias a él. Por lo tanto, debemos tener presente que, en toda la Biblia, se describe a Dios como alguien victorioso, e incluso, invencible. Considera solo las siguientes referencias bíblicas:
- Dios es un Dios de Batallas: Isaías 1:24 dice “Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel.”; Números 21:14 dice “Por tanto se dice en el libro de las batallas de Jehová…”
- Dios es un Dios victorioso Deuteronomio 28:7 dice “Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti.”
- Dios es un poderoso guerrero: Éxodo 15:3-4 dice “Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre. Echó en el mar los carros de Faraón y su ejército; Y sus capitanes escogidos fueron hundidos en el Mar Rojo.”
El Señor es un guerrero poderoso y temible. Sus adversarios deberían temerle, pero su hijos experimentan su amor y su tierna compasión.
Dios desea un pueblo victorioso
La implicación del texto principal es bastante clara al mostrarnos el hecho de que Dios desea que sus hijos seamos victoriosos cuando expresa que “Dios, que nos da la victoria…”.
En tiempos pasados, esto se veía de manera muy evidente a través de las conquistas militares de los hombres de Dios. Algunas referencias bíblicas son:
- “…Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue.” 2 Samuel 8:6
- “…Aquel día Jehová dio una gran victoria, y se volvió el pueblo en pos de él tan sólo para recoger el botín.” 2 Samuel 23:10
- “Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano.” 1 Samuel 17:50
No cabe duda de que semejantes victorias fueron absolutamente extraordinarias y fueron el resultado de la intervención y respaldo de Dios.
Para nosotros hoy, como sus hijos, esta victoria se ve enfocada mayormente en lo que respecta a nuestras batallas espirituales. No es que lo material carezca enteramente de importancia, pero no cabe duda de que las cosas espirituales van primero.
Es por ello que el Nuevo Testamento expresa:

- “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33
- “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” 1 Corintios 15:54–57
Y en ello ocurre algo paradójico, y es que a veces un gran sufrimiento luce como una gran derrota, pero en Dios, se constituye realmente en una gran victoria, porque Dios vence en nosotros por medio de nuestra debilidad (2 Corintios 12:10).
Podemos verlo con toda claridad en Jesús, aparentemente vulnerable mientras era sostenido por los clavos de aquella cruenta cruz, pero ¿quién diría que en su muerte vencería, exhibiendo a las huestes de maldad y alzándose victorioso sobre todas ellas? (Colosenses 2:15).
Es por ello que encontramos que a veces Dios hace algo maravilloso, por medio de algo muy duro y difícil.
La victoria es únicamente a través de Cristo
La parte final del texto nos indica que la victoria real y verdadera solo podemos recibirla por medio de Cristo. Todo lo que no sea de él, por él y para él, no pertenece a la victoria en la que Dios quiere que vivamos.
Cristo es el único mediante el cual podemos vivir en verdadera victoria porque él mismo es victorioso en todo:
- Cristo venció en su vida toda tentación, sin importar de dónde provenía, fuese del mundo o de Satanás.
- Cristo venció en la cruz porque logró el perdón de todos nuestros pecados y su victoria completa sobre todo poder de las tinieblas.
- Cristo venció la muerte por medio de su gloriosa resurrección.
- Cristo vence en la obra continua en el creyente, ya que nos ha rescatado plenamente para Dios. Nos ha salvado, santificado y glorificado.
- Cristo vencerá en su segunda venida a todos sus adversarios y todo será sometido bajo sus pies: a Satanás, al anticristo, a la humanidad rebelde, etc.
Así que tenemos un victorioso y glorioso Señor y Salvador, concedido por Dios en Jesucristo. Por lo tanto, cualquiera que sea la circunstancia que estés pasando hoy, sin importar lo difícil que pueda parecer, ninguna de ellas es más poderosa que nuestro gran vencedor. La clave está en permanecer unidos a él por la fe, una mirada clavada, anclada en él, en su victoria, que ahora también en nuestra, y perseverar tomados de su mano.
Por ello, te invito a meditar en estas palabras, especialmente en lo relacionado con la victoria de Cristo, que te aseguro ya es tuya si crees en él de todo corazón, y que cobres ánimo en medio de cualquier circunstancia en la que te encuentres.